Irene estaba tan aburrida como abrumada por sus pensamientos.
"O tal vez puedas enviarme de vuelta a las montañas. Prometo no irme nunca", suplicó Irene mientras jalaba la ropa de la abuela.
"Irene, nunca podrás volver allá, pues Avery ha encontrado ese lugar y podría estar allí cuando quisiera. La señora no te permitiría volver". La abuela agarró con fuerza la mano de Irene. "Si de verdad quieres ir a la escuela, hablaré con la señora". Tras darse cuenta de que Irene miraba fijamente a lo lej