La rabia se apoderó de ella ante su rechazo. No debió haberle llevado un paraguas y haberlo dejado caminar bajo la lluvia sin él. No debió haberle abierto la puerta. Si hubiera vuelto sin verla, no estaría tan enfadada.
Avery finalmente comprendió por qué Layla había decidido no decírselo a Elliot antes de que llegaran a Bridgedale. Era porque Layla sabía exactamente cómo era Elliot. Sin embargo, era demasiado tarde para que Avery se arrepintiera, puesto que ya lo había dejado entrar.
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