Avery habló primero.
“Mañana es fin de semana. ¿Estás libre?”.
“¿En la mañana o en la tarde?”, preguntó Elliot.
Su voz sonaba baja y ronca, pero seguía llena del mismo magnetismo y resultaba igual de atractiva que cuatro años atrás.
“¡En la mañana!”, respondió Avery.
Su juicio estaba afectado por el alcohol. Ella se sentía especialmente valiente y, por eso, hablaba sin pensar las cosas.
“Acuérdate de llevar tu cédula de identidad y tu certificado de matrimonio. Si nuestra reunión va bien,