Avery no quería rebajarse tanto, pero la realidad la había golpeado con fuerza. No podía afrontar el dolor de perderlo y, sin darse cuenta, todo su orgullo y confianza se habían desvanecido.
"Dime qué puedo hacer para que te vayas". Él le sujetó la mano de la mujer con la ancha y fuerte suya para intentar apartarla, pero ella se aferró a su camisa y se negó a soltarla.
"¿Tanto quieres deshacerte de mí? Mientras más quieras librarte de mí, ¡menos posibilidades hay de que me vaya!". No le dejarí