"Escucha, Elliot. Aunque digas todas esas exageraciones absurdas sobre mí por ahí, nunca me convertiría en alguien así". Avery se acostó en la cama y dijo: "Como mínimo, no volveré a tejer un suéter".
"No te conocen. Solo quería que supieran que no subiste ninguna escalera para llegar a mí". Elliot anotó todas sus contraseñas en el papel y se lo entregó. "Para que lo leas, cariño".
Avery aceptó sus razones.
Tomó el papel, lo revisó con detalle y se fijó en algo que le llamó la atención.
"¿La