—Bien, Isabella, vuelve a tu lugar.
La niña asintió y regresó junto a Jane, soltando un suspiro de alivio.
—Muy bien. Ahora les asignaré sus deberes y, después, podrán pasar al comedor para desayunar.
La directora repartió las tareas del día y se despidió de los niños. Todos se dirigieron al comedor. Isabella y Jane se sentaron en el mismo lugar de siempre. Cinco minutos después, el pequeño Tommy apareció.
—Buenos días, Isabella.
Saludó el niño con una amplia sonrisa.
—Buenos días.
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