Llego el día que comenzaba a trabajar, casi no había dormido anoche, aunque Ricardo me convenció que lo de ser su heredera era para que no quedaría desprotegida, la inquietud en mi se removía en mi interior, como si un mal presagio estuviera al alcance de mis manos.
Al rededor de las ocho menos veinte me encontraba marcando entrada en el hospital, saludando a todo el personal camine directo a mi oficina. Al rededor de una hora ya había revisado todos los expedientes electrónicos de los paciente