No podía concentrarme en las hojas de cálculo abiertas frente a mí ni en los correos electrónicos que se acumulaban en mi bandeja de entrada.
Solo podía pensar en Caleb.
El recuerdo de sus manos sobre mi cuerpo persistía como un calor atrapado bajo mi piel. Cada pequeño movimiento me recordaba lo que había pasado en el asiento trasero de ese coche. La forma en que me tocó. La forma en que me miró como si quisiera devorarme.
Me moví ligeramente en mi silla de oficina, presionando los muslos entr