Capítulo 5

El bosque estaba vivo con susurros suaves, hojas rozándose unas contra otras y el leve susurro de criaturas nocturnas agitándose entre la maleza. 

La luz de la luna atravesaba el dosel en haces dispersos, iluminando el camino de Rehan en parches plateados. Cada paso era cuidadoso, deliberado, sus sentidos tensos, atentos a cada sonido. 

La traición de Phoebe seguía ardiendo como ácido en su pecho, pero Rehan se había endurecido contra ella. No flaquearía esta noche. Había sobrevivido a cosas peores y sobreviviría a esto también.

Se detuvo en un pequeño claro, arrodillándose para tocar la hierba cubierta de rocío bajo sus dedos. 

La tierra estaba fría, la anclaba, le recordaba que estaba viva, que estaba aprendiendo a resistir. El bosque se había convertido en su maestro, cada noche una prueba de su determinación.

Sin embargo, en algún lugar más allá de la línea de árboles, unos ojos observaban. Dorado, intenso, inflexible. Kaelor, el Rey Licántropo. Él permanecía sin ser visto, atraído por ella de formas que ella aún no comprendía. 

Podía sentir su presencia, un tirón sutil que aceleraba su pulso. Era como si el propio bosque la hubiera marcado para ser notada.

Un suave susurro la hizo girar.

Lucian fue el primero en salir a la luz de la luna, alto e imponente, su presencia aguda y deliberada. Phoebe se deslizó detrás de él, su sonrisa perezosa pero cargada de diversión. Incluso en silencio, eran una tormenta. 

"Mira esto", dijo Phoebe, con voz ligera pero cruel. "La niña del bosque cree que puede sobrevivir aquí sola afuera."

Rehan se enderezó, luchando contra el nudo en el estómago. La burla no era ajena, pero escucharla de ellos cuando era vulnerable le afectaba de otra manera.

Los labios de Lucian se curvaron en una leve sonrisa calculada. "¿Practicando tus trucos otra vez?" preguntó, con la mirada aguda. 

"No estoy jugando malas pasadas", dijo Rehan, intentando calmar la voz. "Yo... Preparándose. Entrenamiento."

Phoebe se rió, aguda y cruel. "¿Entrenamiento? Oh, cariño, si eso es entrenamiento, odiaría ver fracaso. Pareces más un cachorro perdido que un luchador."

Sus palabras dolieron, más afiladas que el mordisco del viento frío. Los puños de Rehan se apretaron a los lados, las uñas clavándose en sus palmas. Pero se negó a dejar que vieran el efecto que tenían sus palabras. Se negó a darles satisfacción. 

La mirada de Lucian se suavizó, aunque no en amabilidad, cálculo, curiosidad, prueba. "Cuidado, Rehan. La confianza es buena... El exceso de confianza puede costarte la vida."

Phoebe se inclinó más cerca, con una expresión mezcla de burla y picardía. "Quizá deberíamos mostrarle cómo es el peligro real. Edúcala un poco."

Lucian puso una mano en su hombro, estabilizando, reteniendo o conspirando. Rehan no podía saberlo. Su estómago se revolvió ante la demostración de su control. 

Rehan dio un pequeño paso atrás, con la mirada recorriendo el bosque. Cada instinto gritaba que Kaelor estaba cerca. Podía sentirle una atracción casi magnética que atravesaba el aire nocturno, pero él permanecía oculto.

"Mantén la cabeza alta, pequeña", dijo Lucian suavemente, con un tono burlón en las palabras. "No tropieces con tu propio valor."

Phoebe lanzó una última mirada burlona antes de lanzarse tras él. "Recuerda, los cachorros perdidos no deberían alejarse demasiado de casa." 

Rehan exhaló, anclándose a sí misma. No se rompería. No permitiría que sus palabras duraran más que una sombra.

Pero incluso cuando desaparecieron, su pecho se apretó. Su mente iba a mil, recordando cada risa cruel, cada mirada penetrante. Contuvo el impulso de retirarse, de huir y esconderse en algún lugar seguro. Estaba sola, sí, pero no indefensa. Ya no.

Entonces vino un gruñido bajo y retumbante que vibró entre los árboles, profundo y autoritario. 

Kaelor entró en el claro, moviéndose con la gracia silenciosa de un depredador. Ojos dorados fijos en ella, firmes, intensos. Rehan se quedó paralizado, con el corazón latiendo con fuerza, pero no huyó.

"No pensaste que podrías esconderte de mí para siempre", dijo Kaelor, con voz baja y resonante, tirando de algo profundo dentro de ella.

Rehan sostuvo su mirada, el bosque a su alrededor desvaneciéndose mientras su presencia eclipsaba todo. Sentía el tirón, la atracción innegable entre ellas, como un hilo invisible que la arrastraba hacia adelante. 

Kaelor la estudió detenidamente, con una expresión inescrutable, y luego, con un tono a la vez curioso y autoritario, preguntó: "¿De dónde eres... ¿Y por qué estás aquí, solo, en el bosque?"

La garganta de Rehan se apretó. Tragó saliva, luchando contra la mezcla de miedo y fascinación. "Yo... Soy del pueblo", dijo finalmente. "Necesitaba... para entrenar. Para prepararse. No puedo"

"¿Prepararme para qué?" Su voz era ahora más suave, inquisitiva. Ojos dorados buscando, como si pudiera ver más que sus palabras, en la esencia misma de ella. 

Dudó, sin saber si revelar demasiado era sensato. Pero había algo en su presencia que exigía honestidad, que reconocía tanto su fuerza como su vulnerabilidad.

"Yo... intentando sobrevivir", admitió, con la voz apenas audible. "Y ser... más fuerte que ayer."

La mirada de Kaelor sostuvo la suya, sin titubear. Parecía sopesar sus palabras, midiendo su verdad. "Tú eres... diferente", dijo finalmente, casi asombrado. "Fuerte. Feroz. Indómito. Lo veo." 

Rehan sintió un destello de orgullo, de validación, mezclado con miedo. Las burlas de Lucian y Phoebe seguían resonando, pero las palabras de Kaelor se sentían como fuego, encendiendo algo dentro de ella.

"¿No estarás vagando sin más, verdad?" preguntó Kaelor. "Estás buscando algo... o alguien."

Negó levemente con la cabeza, sintiendo el tirón del bosque, del peligro, de él. "No. Yo... Solo intento encontrarme a mí misma." 

Kaelor asintió, acercándose un poco más, aunque no invadió su espacio. "Ten cuidado. El peligro no está solo en el bosque. Está más cerca de lo que crees."

Su mente daba vueltas. Más cerca de lo que se había dado cuenta... ¿Qué quiso decir? ¿Y por qué la forma en que lo dijo le hizo saltar el corazón? 

Recordó la risa burlona de Phoebe. El aguijón de las palabras de Lucian. Pero el fuego que Kaelor había encendido en su pecho se negaba a morir. 

Se enderezó, levantando la barbilla, dejando que el aire fresco de la noche calmara sus pensamientos acelerados. No se rompería, ni por la burla, ni por el miedo, ni siquiera por los reyes.

Kaelor la observó un largo momento, el tirón entre ellos tangible. Luego, con un último asentimiento casi imperceptible, dio un paso atrás, fundiéndose en la oscuridad tan silenciosamente como había aparecido. 

Rehan exhaló, el peso de la noche presionando y aliviándose a la vez. Las risas burlonas de Phoebe y Lucian rondaban los bordes de sus pensamientos, pero las palabras de Kaelor permanecían como fuego en sus venas. La fuerza tenía su recompensa.

El respeto se ganaba. Y esta noche, la habían notado. 

Presionó las palmas contra las piernas, anclándose a sí misma. Había sobrevivido a sus burlas, a su presencia y, en eso, se dio cuenta, había crecido.

Esta noche, había sobrevivido. Y esa noche, la habían visto.

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