Ella observaba a Gabriel, casi enloquecido y destrozado, con una mirada indescifrable.
El hombre parecía un león que había perdido a su compañera, con la cabeza orgullosa ahora caída.
Ni siquiera cuando ella decidió firmemente dejarlo años atrás, lo había visto tan devastado...
¿Qué tenía Isabella de especial?
Elena se acercó a Gabriel, tomó su mano y expresó histéricamente sus quejas:
—¿Vas a ir a Noruega? Isabella está muerta, ¿de qué sirve que vayas? ¡Si vas ahora, cuando regreses serás un ho