Colgué el teléfono y me dispuse a prepararme mientras Keyla seguía en la ducha, esa muchacha siempre se gastaba toda el agua; le golpeé la puerta varias veces.
—¡Oye, déjame algo de agua caliente! —le grité a través de la puerta de madera, Keyla abrió la puerta envuelta en una toalla rosada.
—Ya, ya pequeña —rio, yo la miré y entré al baño cubierto de vapor, me quité la ropa y entré en la ducha.
Finalmente me iba a animar a decírselo, él era mi amigo y seguramente me iba a entender y ayudar, ¿q