—¿Qué regalo?, Daniela se acercó con gran curiosidad y miró los varios trozos de papel que Simón había escrito, pero no podía entenderlos.
Simón le dijo: —No los mires si no lo entiendes. Esta noche no estaré en casa para cenar, así que cómete algo tú sola, tengo que ir a casa de Lozano.
—Casa. Al oír estas palabras, el corazón de Daniela sintiéndose inexplicablemente feliz, sonrió con gran comprensión.
Entonces, sin darse cuenta de las graves consecuencias que estas palabras para Daniela signif