—Madre, no llores más, tengo mis razones, —dijo Melchor acercándose para persuadirla.
Para su sorpresa, Candelaria apartó la mano, empujando a Melchor bruscamente. Llorando y negando con la cabeza, dijo: —Nunca imaginé que escondieras algo así. Cuando vengan tus dos hermanos, me aseguraré de que te echen de la casa. Eres una persona muy despiadada.
—Madre, de verdad no soy lo que piensas.
Melchor también se sentía muy atrapado. Necesitaba ocultar la verdad a su madre si quería encontrar al hechi