Su fuerza espiritual tocó la grieta muy cautelosamente.
Una sensación de vacío, profundidad y distorsión poderosa se transmitió.
Simón gritó muy fuerte, resistiendo esta desgarradora sensación en su alma, y su fuerza espiritual continuó extendiéndose.
Pero en ese momento, en el alma de Simón, resonó un fuerte rugido inhumano que lo estremeció.
Su fuerza espiritual se retiró de inmediato como una fuerte marea.
Tiburcio sacó su espada, y una gran llama espiritual se encendió instantáneamente sobre