Simón no esperaba que una simple frase improvisada provocara la incomodidad de este anciano, lo cual resultó un tanto embarazoso.
Afortunadamente, en ese momento Braulio se puso de pie y le dijo: —Perdón, señor Teodosio, este es un joven compañero mío, no sabe mucho al respecto, le ruego que no le tome en cuenta.
El anciano miró a Simón, refunfuñó fríamente y no dijo nada más.
En ese momento, Braulio le susurró a Simón: —Este es el señor Teodosio Romeo, discípulo directo del señor Eufrasio, ta