Sin embargo, mientras el anciano forjaba la lanza del soberano, en las manos de Simón ya se habían formado varios sellos mágicos consecutivos. Con el torrente de energía espiritual que emanaba de él, se difundió un aliento bastante aterrador.
Simón completó rápidamente los sellos mágicos, juntó las palmas de las manos y exclamó: —Roca Dragón de Tierra.
Con ese grito, frente a Simón, surgió una enorme cabeza de dragón en el suelo.
La cabeza del dragón abrió ampliamente la boca y lanzó una roca ar