En ese momento, el espíritu de Loreto fue completamente quebrantado, cayendo sin fuerzas al suelo.
Simón sonrió y luego dijo: —Feliciano, asegúrate de manejar bien tu departamento, no te metas en problemas innecesarios, podrías verte afectado.
Leocadio y Anselmo, al escuchar esto, sintieron un temor, ya que las palabras claramente iban dirigidas hacia ellos.
Feliciano asintió con la cabeza y dijo: —Me aseguraré de mantener la disciplina.
—Entonces me iré por ahora, estaré esperando su informe.
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