Simón observó con gran detalle a Joaquín de arriba a abajo, habiendo oído hablar de la familia Aguilar por primera vez por la tarde, cuando Arturo lo mencionó.
—¿Puedo entrar para hablar? — preguntó Joaquín con cortesía.
Simón sonrió muy leve y miró de reojo a Daniela, quien ya se había sentado, cubriendo sus piernas con una manta. Simón se apartó un poco y dijo: —Adelante.
Joaquín se dirigió con gran lentitud hacia la sala y se sentó en un rincón del sofá. Simón se sentó al lado de Daniela y en