—¡Eres tú el tonto! —gritó Simón furioso.
Baelmir retrocedió con rapidez unos pasos y, una vez más, desapareció de la vista. Simón respiró profundo, viendo en la distancia al lobo salvaje que él mismo había partido por la mitad. Ante sus ojos, el lobo se desintegró y se convirtió en polvo, que se elevó hacia el aire para formar de nuevo una figura, y al instante, el lobo reapareció.
Al ver esto, Simón sintió que la situación ya no tenía gracia. Se dio la vuelta para marcharse, pero al dar solo u