—¡Rugió!
La gigantesca serpiente volvió a escupir fuego, y Simón, reaccionando rápidamente, se alejó para esquivar el ataque. Sin embargo, parecía que la serpiente no estaba dispuesta a dejarlo ir tan fácil; su cuerpo se movía a gran velocidad, persiguiendo a Simón con crueldad.
Simón volaba en el aire, girando alrededor del pueblo, mientras la serpiente seguía un patrón similar, rodeando el pueblo de manera constante. Cuando estuvo cerca de alcanzar a Simón, la serpiente soltó otra ráfaga de gr