—¡Bang!
—¡Bang!
—¡Grrr!
…
El sonido de los golpes resonó por todo el nivel, atrayendo de inmediato la atención de las criaturas encerradas en los otros recintos. Lo que antes era silencio absoluto se convirtió en un caos total de movimiento, con cada criatura dentro de su jaula mostrándose cada vez más agitada y comenzando a embestir con ferocidad las paredes de sus celdas.
Los golpes continuos deformaron las barras de hierro de varias jaulas, y algunos leopardos murieron en el solo intento de r