Toda la mañana, Isolde no vio a Constanza ni logró contactarla, pues el teléfono de Constanza estaba apagado. A la hora del almuerzo, Constanza tampoco apareció.
Simón, al ver la preocupación reflejada en el rostro de Isolde, le dijo en tono de broma: —No te preocupes tanto, Isolde. Constanza ya no es una mocosa. Quizá solo haya salido a hacer alguna diligencia, y en cuanto termine regresará.
—Está bien entonces,— respondió Isolde, con los ojos enrojecidos. —Tal vez esté exagerando, pero es que