Capítulo 1840
La noche había caído cuando Amaro salió del grupo Fuente Verde y condujo hasta su casa. Apenas encendió la luz, vio a un hombre envuelto en una capa negra de pie en el balcón. Amaro se apresuró a acercarse, cayó de rodillas y con respeto murmuró: —Amaro saluda al señor.

El encapuchado permanecía de espaldas, su voz grave resonaba: —Amaro, te he moldeado durante diez años, y no esperaba que tu determinación pudiera tambalearse tan fácilmente. Parece que he cometido un error contigo.

Al escuchar estas palabras, Amaro sintió un escalofrío recorrerle la espalda; todos sus músculos se tensaron, el temor lo paralizó y, postrado en el suelo, con un temblor en la voz, suplicó: —Señor… señor, cometí un error. Por favor, le ruego que me perdone.

—Puedo darte una oportunidad más, pero a partir de ahora obedecerás cada una de mis órdenes sin vacilar. De lo contrario, perderás todo lo que posees ahora.

Amaro tragó saliva con dificultad y dijo: —Sí, señor, obedeceré todo lo que usted diga. Sus palab
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