—Entonces, que nuestra cooperación sea placentera —dijo Simón, sonriendo mientras extendía cordialmente la mano.
Oswaldo y Simón se dieron la mano y se despidieron con cordialidad.
Así de rápido se resolvieron estos asuntos tan importantes, algo que los comunes no podrían ni comprender ni alcanzar.
En este mundo, siempre son unos pocos quienes toman las decisiones.
Después de que Oswaldo se fue, Simón encendió tranquilo un cigarro, luciendo relajado y satisfecho.
No esperaba que esta visita l