El almirante Odalrico Betancur, quien lideraba las cinco naves de guerra, estaba relajado en la cabina de mando, disfrutando de un fino cigarro cubano.
Ante sus ojos, la operación estaba saliendo a la perfección.
Fidencio contaba tan solo con unas cuantas centenas de agentes de seguridad a su alrededor, y las dos figuras del Dominio Sagrado que le acompañaban estaban gravemente heridas.
Mientras tanto, la familia Betancur había movilizado a dos mil soldados de élite, equipados con diversas arm