En ese momento, Amalia comenzó a moverse lentamente, tratando de forma discreta de alejarse de Elías, con la esperanza de pasar desapercibida.
Pero Aureliano simplemente dijo con frialdad, sin mostrar ninguna emoción: —Señora Amalia, usted también debe quedarse.
Amalia se quedó paralizada, totalmente inmóvil, al borde de las lágrimas, sintiendo que todo esto era injusto y abrumador por completo.
Pero ¿acaso el señor presidente y Aureliano aún escucharían su explicación en este momento tan crí