Cuando Miguel escuchó la noticia, se dejó caer pesadamente en el sofá como si una fuerza invisible lo hubiera golpeado, quedando al instante aturdido.
El silencio duró unos instantes, hasta que la voz de Daniel rompió por completo la calma: —Es una medida inevitable, Miguel, te lo digo por tu bien.
Claudia también en ese momento trató de convencerlo: —Sí, Miguel, el futuro de tu padre también afecta tu propio futuro. Debes mantener la calma y tomar una decisión muy sensata.
Miguel negó en silenc