—¡Boom!
Un fuerte estruendo resonó detrás de Simón. Al mirar por el espejo retrovisor, vio que un grupo de siete u ocho autos lo seguía a gran velocidad. Todos esos vehículos eran autos de carreras. Cualquier persona normal se habría quedado paralizada de miedo al ver esto, pero Simón simplemente esbozó una ligera sonrisa y dijo: —Parece que ya no se esconden. Bueno, si es así, ¡hagamos una carrera!
Simón aceleró el vehículo, y la furgoneta comenzó a avanzar de forma vertiginosa. Los autos de ca