Simón ya había alcanzado una cultivación de ciento cincuenta años, y no le importaba en lo absoluto obtener otros cien más.
Después de todo, para un cultivador que deseaba volverse cada vez más fuerte, al fin y a cabo le hubiera gustado devorar más y más cultivación.
Sin embargo, esta vez la voz del dios dragón en el aire no volvió a resonar. Esto demostró que el dios dragón había rechazado a Simón.
—¿Eh? ¿E en serio? Si habíamos quedado en algo, ¿cómo es que de repente te escondes?
La voz de Si