—¡Roaaar!
Uno de los enormes lobos de nieve se lanzó hacia Simón con gran velocidad. Simón blandió su filo de relámpago y lanzó un corte directo, pero antes de que pudiera conectar el golpe, una rama surgió de la nada y lo golpeó con tal fuerza que lo lanzó al suelo. Esta vez, los lobos no se acercaron para rodearlo. En su lugar, lo miraban sigiloso desde una distancia prudente, con ojos llenos de algo que parecía ser miedo.
En ese mismo instante, los nueve lobos se separaron rápidamente y desap