Simón empujó a Tercero hacia atrás con fuerza, sacó su espada de bronce de Toledo y lanzó un feroz ataque contra los antrós. La espada de bronce cortó el aire con rapidez, derribando de esta forma a los antrós uno tras otro. Sin embargo, a diferencia de la última vez, cada antrós caído transfería toda la energía eléctrica que poseía hacia la espada antes de sucumbir.
Gracias a la energía eléctrica que se acumulaba en la espada, esta se detenía momentáneamente en el aire. En ese preciso momento,