—¿Qué?
El movimiento de Iñigo se detuvo de repente en el aire. Mirando a Simón con sorpresa, dijo: —¿Esto... es... el poder de la luz?
—Así es, ¡esto es el poder de la luz!
Simón gritó con fuerza, y de inmediato, una esfera de luz blanca comenzó a formarse sobre su cuerpo. La luz se expandió de manera vertiginosa, y dentro de su alcance, los tentáculos de Iñigo se marchitaron de inmediato. Iñigo empezó a retroceder, sacudiendo la cabeza, mientras suplicaba: —¡Por favor, no lo hagas! Sin el