Aiden sintió una punzada de tristeza por la pequeña, se aproximó a ella y la abrazó.
—También extraño a papá —confesó Leo, sus labios dibujaron un puchero.
Aiden tragó saliva, su corazón se hizo chiquito en el interior, durante esos dos años, Leo nunca se había desahogado, incluso ella llegó a creer que ya no recordaba a Edward, apenas tenía tres años cuando falleció, al ver la tristeza de los niños, le pidió a su hijo bajar de la silla donde estaba parado, y los abrazó a ambos.
—También per