Ahí estaba Olivia, en medio de un mar de tul rosa y sonrisa forzada, las manitas sosteniendo la falda, el moño demasiado apretado, la tiara brillando bajo la luz. Demasiado pequeña. Demasiado valiente. Y completamente entregada a su propio coraje.
Sus ojitos comenzaron a recorrer el área de los palcos, uno por uno, inquieta. Buscando.
A su papá.
Y... tal vez a mí.
Sentí un apretón en el pecho que no tenía nada de profesional. Ni de sensato.
No debería sentirme así mirando a una niña que ni siqu