~ MAREU ~
Abrí los ojos grandes y miré a Gabriella.
Esa visión, sinceramente, casi compensó el pánico.
Su rostro se estaba contrayendo de rabia, el maquillaje perfecto escurriendo en hilos oscuros y brillantes a los lados, el cabello marchitándose con una dignidad casi heroica, y la tela carísima del vestido pegada al cuerpo como si la propia tela estuviera en shock con lo que acababa de suceder.
No necesité más de un segundo para concluir:
Si todavía existía una posibilidad de que fuera bien a