Los últimos días habían sido una forma única de tortura. Mi rutina matinal se resumía a un ritual patético: tomar el celular, escribir un mensaje para Anne, borrarlo, reescribirlo, borrarlo nuevamente, hasta finalmente lograr algo que no sonara demasiado desesperado. "Buenos días" parecía seguro. Preguntar cómo estaba era arriesgado; podría parecer que estaba cobrando una respuesta. A veces comentaba sobre algo banal de mi día, con la esperanza de que sonara natural.
Era un equilibrio imposible