Dominic
La noche de ese mismo día me sorprende en mi propio despacho, pero este espacio ya no parece tan opresivo como antes. Se escucha el chisporroteo del fuego en la chimenea artificial, tras los cristales titilan las luces de la gran ciudad y yo... yo por fin me siento libre. Con una copa de vino en la mano, me quito la chaqueta y la arrojo sobre la mesa sintiendo un gran cansancio; sin embargo, esta fatiga es bendita, pues así es como se siente un guerrero que regresa de una guerra de años