Decidimos que era mejor no realizar la sesión de hipnosis en el dormitorio, para no vincular el lugar de descanso con aquello que debía aflorar en la memoria de Dominic. Primero preparamos un té de menta en la cocina y luego nos dirigimos al salón. Acomodo a Graymont en el sofá y me me instalo en el borde, justo a su lado. Entrelazo mis dedos con los suyos; espero que confíe en mí lo suficiente como para abrirse por completo ante ambos. Sé que a Dominic le resultará difícil sumergirse en el pas