Capítulo 8. Ofrecimiento.
Me estaba volviendo loca, me encontraba encerrada en una porquería de agujero donde las ratas caminan sin temer de mi presencia. Lo único que me daban como alimento eran unas malditas migajas de pan un tanto duras y agua, estaba segura de que habían transcurrido tres días desde que me raptaron y aún estaba sin saber de mi hermano.
Ese maldito hombre, el mismo que aún me daba mucho miedo por ese rostro tan frío y lleno de maldad, había venido en reiteradas oportunidades a decirme que mi hermano