Esa misma mañana, en la mansión del CEO Montgomery. Harold, quien había tomado su desayuno ese día libre para él, estaba en la sala corredor del sector trasero.
La brisa de la fresca mañana acariciado su rostro, sus ojos avellana fijos en la pantalla de su computadora portátil.
—¡Tenías razón, Marco!, fuí a la fiesta de la que me informaste y me encontré con el señor Fiorentino, el parecía MUY cercano a su esposa, cualquiera que lo ve, diría que es un hombre muy enamorado.
—Es fachad