Capítulo 47: La nostalgia del viaje.
La limusina se detuvo en la marina exclusiva donde se ubicaba el Yate del señor Fiorentino, el sonido de las gaviotas se entrelazaba con el aroma del mar, el viento agitando el cabello rubio de esa mujer y sus hijas que bajaron del vehículo.
En ese instante, un lujoso auto se acercó, y de él emergió Antonio Rossi, con una elegancia casual en su atuendo de tonalidades claras.
El hombre italiano, con una sonrisa amplia y amistosa, se acercó a las niñas, saludando con entusiasmo.
—¡Pequeñas