La rayos del atardecer se filtraban através de los cristales de la terraza, bañando con su cálida luz naranja el interior de la elegante zona de estar.
Cassandra, desnuda y cubierta solo por la tela blanca de un mantel, se encontraba con su mirada perdida en la nada, sentada en un sillón largo color blanco.
Angelo Fiorentino, se terminaba de abrochar la camisa manga larga, con movimientos rápidos.
Sus ojos, azules y penetrantes, se posaron en ella de reojo.
—Descansa el resto del día.