—Sígueme —susurró, mirando a su alrededor con cautela, como si temiera que alguien los estuviera observando.
Cassandra dudó un momento, pero sabía que Marco enviaría a alguien a encontrarse con ella.
Él la condujo a un rincón más apartado del jardín, donde el agua de una fuente producía un sonido relajante.
El hombre sacó una carta de su abrigo y se la entregó.
—Soy amigo de Marco. Harold Montgomery. Estoy aquí para ayudarte —dijo, su voz baja y precavida.
Cassandra tomó la carta con