Cassandra se quedó paralizada, su rostro colorado por la mezcla de rabia y vergüenza, mientras Angelo la sostenía con un agarre firme.
El interior de la mansión se alzaba a su alrededor, sombrío y opresivo.
Con un movimiento rápido, Angelo la condujo hacia un salón en la primera planta, una habitación espaciosa con muebles cubiertos por mantas blancas.
Al cruzar el umbral junto a ese CEO imponente, un escalofrío recorrió su cuerpo delicado y hermoso, llenándola de inquietud.
Cassandra luchó