El restaurante era tranquilo y caro. Todo parecía de cristal. Gerard llegó primero. Fue intencional. Siempre llegaba puntual cuando ya había tomado una decisión.
Daniella llegó luciendo impecable con un clásico vestido rojo. Como siempre. Se sentó frente a él con una sonrisa cálida y serena. Luego pidió algo que no terminaría y esperó.
Había estado esperando que cambiara de opinión desde la noche en que su padre la despidió en su presencia.
Esta noche presentía que esta cena no era para eso.
—G