Mi hija Daniela ya tenía casi dos meses y estaba tan hermosa, parecía un peluchito. Era blanca con sus ojos canelos, grandes y hermosos tenía un montón de cabellos que le tapaban sus ojitos. Era tan graciosa como su padre, sonreía tanto y en medio del infierno en el que nos encontrábamos ella le traía frescura a mi vida. Siempre hemos sido inseparables, no me he separado de ella ni para tomar un baño. De hecho, siempre nos bañábamos juntas y dormíamos juntas, mi peludita y yo éramos inseparable