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¡Atrevida! ¡Zorra! ¡Maldita! Tengo tanta rabia de Lívia que podría... Ni siquiera sé qué podría hacer.
Esa hechicera me vuelve loco con solo una mirada, es involuntario, no puedo controlar las ganas de agarrarla y pasar la noche apreciando cada parte de ese cuerpo perfecto.
¡Desgraciada!
Resoplé irritado y cerré la puerta del despacho de golpe. Caminé hacia el carrito de bebidas y llené el vaso de whisky, bebiendo un largo trago.
Pasé el día deseando ir tras ella, de decirle unas cuantas ve