---
[...]
— ¡Quieres matarme, loco! — Grité cuando finalmente detuvo el coche. Perdí la cuenta de cuántas veces fui lanzada de un lado en las curvas. Rafael está loco.
— Jamás, noviecita. — Sonrió cínico quitándose el cinturón. — ¿Vas a decir que no te gustó?
— Me gustaría más si no estuviera con miedo de morir en cada curva. — Negé arreglando mi cabello en la cámara del teléfono. — Arruinaste mi cabello. — Hice un puchero.
— Sigue igual, vamos. — Salió del coche abriéndome la puerta.
— Qué cab