Gideon la miró con una sonrisa que no parecía una sonrisa. "¿Bien? ¿Puedes decirlo ahora?”
Nell se rio torpemente.
Sin embargo, al ver que estaba esperando, se vio obligada a hacerlo de mala gana.
Pasó mucho tiempo antes de que lograra salir a la fuerza. "Marido."
Su voz era tan pequeña que ni siquiera los mosquitos podrían oírla.
Gideon arqueó una ceja y ahuecó sus orejas. "¿Cómo me llamaste?"
Nell apretó los dientes.
Ella levantó un poco la voz. "Marido."
"No puedo escucharte".
Nell.