Pero en ese momento, la espesa nieve cubría los recuerdos que Lily tenía de ese lugar, tal vez porque podía depender plenamente de la persona que tenía a su lado. Era como si el patio no fuera el que una vez conoció, a pesar de que era el mismo lugar.
“¿Tienes frío? ¿Quieres volver adentro?”. Alexander sujetó los hombros de Lily, preocupado de que tuviera frío.
Lily sonrió. “No hará mucha diferencia incluso si volvemos adentro. Si corremos un poco por aquí, no sentiremos tanto frío”.
Esa era